Orígen

Es curioso, la mayoría de las veces creemos que nacemos con un rumbo establecido, con un destino. Nos equivocamos, no hay nada escrito, somos dueños de nuestro camino. Sin embargo, pese a que no existe certeza alguna sobre nuestro destino final, sí existe una verdad: la de donde venimos.

Todos tenemos un origen, un origen que para bien o para mal es el punto de partida de este juego azaroso al que hemos bautizado como vida.

Mi origen se remonta 22 años atrás, en una zona montañosa al suroeste de Jaén. Y mi corazón está dividido entre dos localidades que apenas están separadas por 10 km.

En Frailes pasé la mayor parte de mi infancia y adolescencia. Lo recuerdo con nostalgía, con sabor agridulce. Dulce, dulce como las rosquillas que mi abuela concinaba en invierno, sobre las que espolvoreaba el azúcar. Dulce como el rosco esponjoso que mi tía Rosi prepara cada vez que voy de visita. Agrio, agrio porque la despedida fue de todo, menos dulce. Un mal sabor de boca que se ha ido disipando con los años. Y es que no puedo evitar sentir un pequeño nudo en el estómago cuando se reproducen en mi cabeza aquellas tardes en La Plaza comiendo pipas y reproduciendo canciones sin sentido en aquellos móviles dotados de infrarrojos de última generación. Y el nudo avanza cuando recuerdo el cine de verano, los “guisos” en la piscina de “La Pajarica”, las representaciones de los pasos, los fines de curso en el polideportivo y en las Eras del Mecedero y los nombres. Cuando empiezo a recordar se mezclan los nombres en mi cabeza como un cóctel explosivo. Nombres acompañados de personas, personas acompañada de sus nombres: Mónica (mi Pajarica del alma), Miriam, Claudia, Gloria, Judith, Lourdes, Mike (o Maiquel que ahora hace tatuajes muy buenos, confieso que una vez yo fuí su conejillo de indias y he de decir que, muy a mi pesar, no salió muy bien y hasta la máquina se rompió), Yago, Tania, Desireé(a ella le encantaba su significado en Francés), Nazareth, Nuria, Ana, Pilar (mi Pili), Eduardo, Jose Manuel, Lydia, Lorena  (y seguro que me dejo a alguien). Con algunos de ellos simplemente compartí horas y horas en una habitación del Colegio, otros, para bien o para mal, marcaron mi vida para siempre.

Y es que los recuerdos a veces te producen nudos. Aún recuerdo con cariño mi primer día en el Alfonso XI de Alcalá la Real. Allí me encontraba yo, ataviada con una camiseta roja y un vaquero negro, cagada de miedo. Ilusa de mí, ignoraba que ese día empezaría una de las etapas más maravillosas de mi vida. Donde conocería a gente imborrable, de esa que queda anclada para siempre en el corazón.

Yo la he bautizado,de forma muy simple e intuitiva como mi época “Alcalaina”. Dos años después de aquél primer día de instituto, mis padres se divorciaron y entonces, comenzó mi vida como ciudadana de Alcalá la Real. Esa época me ha marcado mucho, ha tallado mi ser, influyendo firmemente en la persona que soy ahora. Está un poco borrosa, pero hay momentos y personas que son imposibles de olvidar. Nombres, siempre vienen nombres acompañados de personas y personas acompañadas de sus nombres: Rita(te amo) Laura ( mi cuarteta), Cristina, María (Sus trazos son puro arte), Elvira, Mónica, Sole, Nuria, Guille, Pepe, Arjona, Bianco, Nacho, Elena (sus ojos azul intenso aún me tienen trastornada), Marina(la dulzura personificada) Yolanda y Fátima (parecían gemelas, siempre estaban juntas,dos rubias que no son de este mundo) Mario, Arco ¡Ay, me dejo a muchísima gente! Pero no voy a estar aquí hasta mañana.

La cuestión es, que son nombres, personas acompañadas de sus nombres las que marcan nuestras vidas. Y ,si hay una, por encima de todo y todos, que ha marcado, encendido, incendiado y modificado mi vida es Fran. Y es que Fran es algo más que una persona acompañada de su nombre. Fran es mi vida, mi compañero de vida y mi salvación cuando el abismo se adentraba en mi ser. Él ha cogido mi mano y juntos hemos marcado nuestro propio camino. Y todo comenzó ahí, en el municipio coronado por La Mota.

Y son recuerdos, son demasiadas Ferias de junio y de septiembre. Demasiadas Cruces, demasiados Fuegos e innumerables cafés en El Paso. Alcalá supuso el inicio y cierre de un ciclo muy importante en mi vida. El broche de oro, una metamorfósis, el paso de adolescente a mujer. La decisión definitiva: coger las riendas de mi propia vida.
Por eso estoy escribiendo éstas líneas. Estoy orgullosa de mis orígenes y de haber podido vivir en ambos municipios.

Frailes es el agua, el agua fresca que se adentra en mi ser y me domina, que me inunda y me hace perder el control, que emana desde dentro, que calma mi sed.

Alcalá es la luz, la luz de un atardecer que queda clavado en mis pupilas, que me marca un sendero, un sendero incompleto que yo tengo que acabar.

Y ambas, ambas son el origen de estas líneas que entrego desde lo más profundo de mi corazón.
Con cariño,

 M.C. Arenas

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